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Menhires

Los menhires de Ruibal cumplen la función ancestral de la escultura: Hacer que en el centro de la ciudad aflore lo salvaje, sometido a reglas, transformado en composición.
Esas piedras coloreadas, ancladas en la tierra sugieren el vuelo, la pasión onírica de llegar al cielo, a la suspensión del sentido y a la victoria sobre la gravedad. “Todos los vuelos-apunta Ruibal- poseen una patria interminable y yo aquí, a la espera, del húmedo y largo invierno sabiendo que otros continentes ignoran nuestro calvario”.
Los menhires de este artista transmiten una singular serenidad, si, en el plano simbólico, remiten al lugar sagrado, también están convocando la idea de principio absoluto. Las piedras “alzadas” en la naturaleza pueden ser, desde lo más oscuro de la historia, arquitectura, tumba de un hombre o marcas en un camino trazado.

Fernando Castro Florez

Solo hacemos algo grande cuando lo concebimos eterno.

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